EL LUGAR DEL ESPÍRITU SANTO EN LA VIDA DE LAS COMUNIDADES ANABAUTISTAS AYER Y HOY


Por Pedro Stucky

A través de un paseo por el anabautismo del siglo 16, llevados de la mano de varios historiadores reconocidos —entre ellos nuestro hermano Juan Driver—, podemos apreciar algunas maneras én que los radicales religiosos del siglo 16 interactuaban con el Espíritu Santo en sus vidas y quehaceres. Tomando en cuenta la historia, daremos una mirada a posibles lecciones para aquellos que se consideran herederos de esta corriente.

El énfasis

Los radicales eran muy conscientes de que vivían en la era del Espíritu; que el Espíritu era el que los impulsaba y el único que podía producir los cambios que valían la pena en los individuos y la sociedad. Nuestra vida cristiana y la misión de la iglesia se adelantarán no sólo en la medida en que seamos hombres y mujeres capacitados y entregados sino principalmente en la medida en que seamos hombres y mujeres receptivos al actuar del Espíritu Santo en nuestras vidas y congregaciones, tomados, llenos, impulsados por el Espíritu. Me decía un pastor menonita: «En nuestra iglesia necesitamos personas inteligentes y personas carismáticas.» Sin esa conciencia y ese énfasis seremos como un carro de ocho cilindros funcionando sólo con dos.

La diversidad

En el seno de la Reforma Radical hubo una exuberante y rica diversidad de posiciones y prácticas en cuanto al Espíritu Santo. Aprendiendo de los reformadores radicales, debemos no sólo aceptar sino celebrar entre nosotros la variedad de manifestaciones a la que nos conduce el Espíritu en nuestras iglesias. En vez de ser una amenaza, la diversidad es saludable. Indudablemente, la gran mayoría de expresiones son válidas y no llegan a exageraciones dañinas. Más bien prueban que el Espíritu se adapta e interactúa con cada cultura y necesidad dando pie a que emerjan formas autóctonas que respondan a las idiosincra¬sias y preferencias locales. Otra cosa es que sean o no de nues¬tro agrado particular. Para evitar excesos no es necesario buscar la conformidad y la uniformidad. Además, a Dios siempre le ha gustado la diversidad y se aburriría si todo fuera lo mismo.

La interpretación de la Palabra

Las Escrituras siempre tienen algo para decirnos a nosotros y a nuestras congregaciones con tal que sea el Espíritu Santo el que lo revele en cada situación. Necesitamos una exégesis seria e inteligente, pero también, lo que a veces se llama la «unción» del Espíritu en nuestra preparación y presentación. Para no descarriarnos con interpretaciones simplistas o extremos que causen daño, nos es preciso someternos al consejo de nuestros hermanos en la fe, ya sea a nivel local o regional, donde el Espíritu presida esos procesos de discernimiento.

La concordancia entre lo interno y lo externo

Los anabautistas insistieron en que la coherencia entre la obra interna del Espíritu y sus manifestaciones externas era imprescindible. Jesús lo dijo de otro modo: «Por sus frutos los conoceréis.» La diversidad está bien, pero ninguna pretensión de poseer el Espíritu que no vaya acompañada por los frutos de humildad, sumisión, sinceridad, apertura, respeto y muchos más a nivel personal, va a convencer.

Por otro lado, a nivel institucional se corre el peligro que las tradiciones o prácticas eclesiales puedan seguir ejerciéndose sin que esté presente una convicción real ni sean movidas por la gracia de Dios. Además, la preocupación por la concordancia exige que nuestras estructuras y nuestras prácticas eclesiales reflejen una coherencia con lo que estamos enseñando. Las metas eclesiales o institucionales, así sean buenas, no justifican cualquier práctica sino la que tome en cuenta el respeto por las personas y las prioridades de la misión de Jesús.

La prueba del servicio

Una espiritualidad que no se manifieste en el servicio a los demás no viene de Dios, según Pilgram Marpeck. Hay que admitir que el servicio se puede dar de muchas maneras y en esto precisamos una visión amplia y respeto del uno por el otro. Hay diferentes momentos y etapas en la vida de los creyentes y las congregaciones que es preciso reconocer. Debemos estar en conversación el uno con el otro para tratar de crecer en nuestra comprensión de lo que constituye servicio para el otro y cómo podemos complementarnos en lugar de atacarnos. Pero indudablemente las supuestas expresionés del Espíritu que se enfrascan en sí mismas, como un fin en sí mismas, como un ejercicio de narcisismo, desprovistas del ingrediente del servicio al prójimo y a la comunidad en derredor, no vienen del Espíritu Santo.

Formarnos a imagen de Cristo

Para los anabautistas, la salvación no consistía sólo en una justificación ante Dios, sino que la obra del Espíritu en el creyente era ayudarlo a llegar a ser como Cristo. Esta pedagogía del Espíritu es hoy muy urgente en la vida no sólo de todos los cristianos sino especialmente en aquellos que son dirigentes, los que tienen cargos de responsabilidad, los que deben dar ejemplo en la comunidad de fe. La formación a la imagen de Cristo producirá líderes cada vez más dóciles a la acción de Dios, hombres y mujeres mansos que prefieren sufrir y soportar malentendidos y calumnias que causarlos, que en vez de figurar y ostentar desean facilitar que otros surjan y tengan oportunidades, y que cada vez asumen más la vocación de esclavo o siervo.

No es infrecuente que en pro de alguna meta o de la eficiencia institucional estemos dispuestos a sacrificar procesos participativos de comunicación o decisión; que veamos a los dirigentes maltratar a las personas a su cargo en vez de pastorearlas. Pero los anabautistas entendían que sobre todo está el amor, y sin practicar ese mandamiento de Cristo, todo lo demás es vano.

Ejes fundamentales para la vida práctica

Hay algunos ejes fundamentales sobre los cuales debemos insistir y enseñar puesto que no sólo nos identifican como anabautistas sino que creemos que son manifestaciones de la presencia del Espíritu en la vida del creyente y de la congregación. Estas características tienen que ver con la esencia de la vida cristiana, así haya diversidad en otras expresiones. ¿Cuáles serían algunos de estos ejes fundamentales?

1. Jesús como clave para interpretar las Escrituras y norma para nuestro comportamiento. Compromiso claro con la ética cristiana, es decir, el comportamiento del cristiano a la manera de jesús. Disposición al discipulado cristiano para ser formados a la imagen de Cristo.
2. La congregación local como cuerpo visible del Señor al cual cada creyente pertenece y se sujeta. Procesos congregacionales de discernimiento e interpretación de las Escrituras y de la voluntad de Dios. Procesos congregacionales de decisión y rendición de cuentas el uno al otro.
3. Un liderazgo no autoritario ni impuesto ni absolutista, sino caracterizado por su mansedumbre y humildad, por someter¬se a los hermanos y hermanas así como éstos se someten a sus líderes. Una disposición de aceptar los aportes y críticas de los demás, de trabajar con otros, de sufrir si es preciso y no causar sufrimiento.
4. El amor sufriente por el prójimo rompiendo con esquemas de intimidación, violencia, militarismo y coerción. Un compromiso inequívoco con la justicia en todos los niveles.
5. Un estilo de vida sencillo, compartido, comunitario, abierto, que se entrega por los pobres, los marginados y los excluidos de la sociedad, así como lo hizo Jesús.
6. Esfuerzos de unidad con todas las congregaciones y respeto por las mismas, evitando el aislamiento y la imposición de criterios. La apertura ecuménica, es decir al resto del Cuerpo del Señor, sin posturas absolutistas ni cerradas, reconociendo que la verdad la tenemos que encontrar juntos.
7. Aprecio y respeto por el estudio serio y la preparación intelectual, además de otras formas de capacitación, reconociendo que se necesitan líderes inteligentes que también sean líderes de poder espiritual.

Evidentemente él problema no es que haya o no manifestaciones pentecostales ó sobrenaturales en nuestras iglesias. El problema surge cuando existe polarización excluyente; cuando se enfatizan manifestaciones pentecostales pero no otros aspectos del evangelio importantes para los anabautistas como los que enumeramos arriba. El problema, por otra parte, se da cuando existen prácticas éticas correctas pero ejercidas como «letra muerta» y se tiene prevención o temor a otras manifestaciones menos racionales.

La polarización por el lado de lo pentecostal se daría cuando no se enfatizan asuntos como la paz, el amor a los enemigos, la justicia social, los derechos humanos y el servicio cristiano por el bienestar físico de los necesitados; cuando se asumen posiciones verticales, autoritarias excluyentes, y por qué no decirlo, arrogantes en el liderazgo; cuando no se respeta la palabra, la participación y la autoridad de la congregación; cuando se desvaloriza la responsabilidad humana «pasándole la bola» sólo a Dios o al diablo; cuando no se ve interés en la unidad con el resto del cuerpo, por ejemplo en asistencia, apoyo y colaboración con los programas que son importantes para la iglesia mayor; cuando se piensa que la unidad es la uniformidad y no se tolera la diversidad; cuando se asumen posiciones anti-intelectuales y en contra del estudio y el diálogo en torno a diferencias teológicas y bíblicas.

La polarización por el lado dé lo ético o racional se da cuando el comportamiento está en orden pero no hay una búsqueda acuciante del poder de Dios en oración ni se advierte una dependencia del Espíritu para el quehacer personal y congregacional; cuando no se abren espacios para que el Espíritu actúe y hable en nuestras congregaciones ni se anima a los fieles a buscar los dones sobrenaturales del Espíritu ni se da importancia ni lugar a la práctica de los mismos cuando sí están presentes; cuando lo preestablecido y lo tradicional llegan a ser más significativos que la posibilidad de nuevos modelos o direcciones que Dios nos puede estar indicando.

El Espíritu en la realidad social

«El Reino de Dios está entre ustedes», les dijo Jesús a los que indagaban en cuanto a la venida del Reino. Los radicales vivían intensamente, inmersos en su época y en su realidad social, económica y política. Todo el tiempo se estaban metiendo en disputas y debates con las autoridades civiles y eclesiásticas sobre puntos que afectaban no sólo la vida religiosa sino la sociedad civil. No se conformaron con hacer llamados proféticos de atención sino que actuaron con valor y arrojo ya sea intentando cambiar una situación, no cooperando o creando modos de vida comunitarios alternativos.

Esa capacidad de leer los tiempos y el movimiento del Espíritu en los acontecimientos para luego insertarse en esa corriente es la que, a través de la historia, siempre ha llevado a hombres y mujeres insospechados a sobresalir con hombros y cabezas sobre los demás ya sea porque como tea ardiente ilumi¬nan la oscuridad antes de consumirse o porque con paciencia y perseverancia entregan sus vidas para acercar la vida humana sobre la tierra a esa voluntad del Padre, perfecta pero aún no realizada.

Si nos mantenemos en esa dirección estaremos siendo fieles al Espíritu de Dios que también actúa en nuestros tiempos y busca hombres, mujeres e iglesias que respondan a su época de una manera consecuente y oportuna. También estaremos aprendiendo del ejemplo de los radicales del siglo 16 que con una asombrosa claridad criticaron lo que había para intentar construir algo nuevo y mejor. Su época no fue digna de ellos. Como los héroes de la fe de Hebreos 11, también vivieron como pere¬grinos y advenedizos esperando una ciudad nueva cimentada en Dios y la saludaron de lejos como a una realidad que habría de venir. A ellos hoy, también de lejos, queremos saludar y rendirles este pequeño homenaje.

Pedro Stucky, teólogo e historiador, es presidente de la Iglesia Cristiana Menonita de Colombia y Pastor de la Iglesia Menonita de Teusaquillo, Bogotá. Nacido en Medellín, Colombia. Estudió en Cachipay, Indiana (EEUU), Escocia y Jersusalén.

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Una respuesta a “EL LUGAR DEL ESPÍRITU SANTO EN LA VIDA DE LAS COMUNIDADES ANABAUTISTAS AYER Y HOY

  1. No saben cuanta alegría me produce encontrar recursos como este en la web. Mi influenza Anabaptista viene por leer personas como John Howard Yoder, Thomas Finger y Joseph Kotva. Los felicito por este esfuerzo. Espero seguir recibiendo sus escritos. Su hermano y amigo, Samuel
    Si desean saber un poco mas acerca de mis inclinaciones teológicas, lo pueden hacer a http://www.samuelcaraballo.com. Espero podamos colaborar en un futuro no muy lejano. Bendiciones!

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